En estos tiempos de reestructuración del sistema escolar heredado de la modernidad, los centros educativos se ven obligados a aprender, a responder a las demandas de un entorno incierto, turbulento, inestable, sin esperar ni confiar en reformas estructurales.
De este modo, se pretende favorecer, en lugar de estrategias burocráticas, verticales o racionales del cambio, la emergencia de dinámicas autónomas de cambio, que puedan devolver el protagonismo a los agentes y, por ello mismo, pudieran tener un mayor grado de permanencia. En estas coordenadas se inscribe y puede ser productivo- el modelo de las organizaciones que aprenden.
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